Una habitación de no mas de 12 metros cuadrados, cuatro paredes a mi alrededor, un cama hecha con cartón y cientos de periódicos simulando la más grandiosa cobija es lo único que me queda después de haber sido el hombre más feliz de mi ciudad, tenía esposa, hijos y un buen empleo no era el mejor, no fue lo que estudie, pero hacia cosas productivas que ayudaban a los demás y me sentía feliz por eso.
Vivo en una de las ciudades más peligrosas del mundo, según los periódicos internacionales, algo en lo que no estoy de acuerdo llevo viviendo aquí más de 30 años y nunca me ha pasado nada, no hasta ahora.
Un día como cualquier otro me levante temprano, desayune, me despedí de mi familia para ir al trabajo, fue así que empezó mi tragedia.
Camino al trabajo todo parecía tan normal, en sí era como cualquier otro día, en el trabajo todo transcurría como de costumbre hasta la hora de comida las 2:00 pm fui el último en salir de la oficina ya que quería ir a ver a mis hijos que estaban de vacaciones, por eso pedí permiso de salir temprano para poder verlos lo más pronto posible, así fue que me quede adelantando un poco de trabajo.
No sé si me estaban observando o fue simple casualidad pero al encontrarme sólo recibí una llamada
-Señor Ming su esposa e hijos han sido secuestrados, si quiere tenerlos nuevamente con usted tendrá que pagarnos 150 mil pesos, no intente llamar a la policía o morirán. Pronto recibirá una llamada diciéndole dónde y cómo entregarnos el dinero, manténgase al pendiente del teléfono de su casa de no ser contestada la llamada instantáneamente mataremos a su familia.
Incapaz de reacción alguna solté el teléfono y me quede paralizado por más de 15 min hasta que un compañero de trabajo llego y me pregunto si todo estaba bien, inconscientemente salí rápidamente de la oficina sin decir palabra alguna, maneje a exceso de velocidad sin importarme los señalamientos o si arriesgaba mi propia vida, al llegar a la casa encontré la puerta abierta, entre lentamente pase por la sala, observe una y otra vez , luego fui a la cocina y no note nada extraño, corrí hacia las habitaciones pero no encontré a nadie fue entonces cuando caí en llanto, me agobiaba el sentimiento de impotencia, coraje, rabia, frustración de no saber qué pasaba.
Recordaba una llamada pero todo era tan vago que no sabía si fue un sueño, parte de mi imaginación o todo era una realidad que no quería asimilar.
Confundido con lo que estaba pasando regrese al trabajo donde mi jefe y compañeros se encontraban preocupados por mí, éstos estaban más enterados de lo que pasaba ya que al enterarse de cómo salí eufóricamente, rápidamente revisaron las cintas de vigilancia y grabaciones de los teléfonos, siendo así la manera en que se enteraron de el hecho que acontecía.
Dos horas después ya más tranquilo tomé la decisión de hacer hasta lo imposible por conseguir el dinero que pedían por el rescate. En menos de una semana vendí mi carro, hipoteque la casa y pedí un préstamo extra al banco, finalmente todo valía la pena si lograba recuperar lo que más amé en la vida.
Luego de haber pasado la primera semana en espera empecé a preocuparme ya que no me había alejado ni un momento de la casa y los secuestradores no habían llamado a la casa. Quince días después recibí la llamada donde me indicaron el proceso de pago, cuándo y dónde dejarían a mi familia.